21 de julio de 2017
Perú 2016: Ruido, Silencio. Capítulo 1 Local vs Visitante
La dorada décima edición de Batalla de los Gallos tuvo como protagonista a Skone, que hizo historia después de años de intentarlo y con el público más difícil en contra.
Perú 2016: Ruido, Silencio. Capítulo 1 Local vs Visitante

Llega la primera entrega de Perú 2016: Ruido, Silencio, la crónica de la Final Internacional de Perú 2016. Aquí tienes el primer capítulo.

Por Juan Ortelli


 

Apenas DJ Verse soltó de nuevo el beat, Skone siguió atacando a Jota con todo lo que tenía. “Dan réplica innecesariamente, otra y otra porque lo pide tu gente”, dijo, y se dio vuelta y fue hacia el jurado mientras seguía rapeando. “Si lo va a pedir todo el rato la gente”, continuó, “nos ahorramos el viaje de los 15 y le dais el trofeo directamente”. 

A pesar de ser el campeón español de este año, Skone había llegado a la décima edición de Batalla de los Gallos en Lima, Perú, como el menos apoyado de los tres representantes de España en esta final internacional, detrás de Arkano (el último campeón internacional y reciente Récord Guinness Mundial por pasar más de 24 horas rapeando) y Chuty (elegido por el voto de la gente). Y no es que Skone, de 26 años, no hubiera hecho mérito como para que lo tuvieran en cuenta. Dueño de una historia de vida durísima, Skone se había ganado su lugar bajando en Valencia a dos locales, Errecé y Soen, y siendo  una figura de la vieja escuela –éste era su quinto intento; el primero fue en 2008– había logrado imponerse en un año lleno de estrellas y promesas fuertes, del propio Chuty a BTA y Zasko.

Ahora Skone estaba en la última batalla de la noche. Había llegado a la final después de ganarle al chileno Tom Crowley, subcampeón internacional de 2016; a Papo, el campeón argentino; y a Arkano, su compañero de bandera y colega de años. Las últimas dos habían sido batallas sangrientas, y se venía el enfrentamiento contra Jota, el local, que había bajado a Aczino, la leyenda, en primera ronda, y después había limpiado al colombiano Valles-T y a Jony Beltrán, otro mexicano potente. 

La convocatoria del evento era histórica, inédita hasta ese momento. Los 23.000 tickets disponibles se habían agotado en menos de una semana y, la noche anterior a la batalla, muchos fans habían acampado con iglúes y sillas plegables en el predio de Costa Verde, a pocos metros del mar. El lugar estaba cercado por paneles y ubicado justo en la playa, frente al parque John Lennon, en San Miguel, donde se baja al mar por una ruta en zeta dibujada en la montaña, que arriba tiene unas torres de edificios y un skate-park desde donde se ve todo. Los fans habían pasado la noche en el frío para ser los primeros en entrar y conseguir un lugar cerca de las vallas. 

Pero, finalmente, la gente, que había sido tan cariñosa –yendo a recibir a los freestylers al aeropuerto, siguiéndolos por todo Lima con locura– mostró una faceta que nadie esperaba. De pronto, el público se convirtió en un difícil campo circunstancial a vencer después de que alguien de las primeras filas, camuflado en el anonimato de esa multitud de snapbacks, le tirara una botella a Aczino durante su primer round contra Jota, el bicampeón local y favorito de la gente para ganar esta noche. A partir de ahí, todo se había ido salido de control; los presentadores del evento no habían intervenido a tiempo y la multitud estaba descontrolada, apoyando sólo a los locales, Jota y Gasper, y haciéndoles el vacío a todos los demás, por mejores que fueran. 

Mientras esperaba que Mbaka lo llamara para enfrentar a Jota, justo antes de la batalla más importante de su vida, Skone quedó a solas consigo mismo. 

Había sido duro llegar hasta acá y lo que faltaba no iba a ser fácil exactamente; iba a ser un cruce violento y –esto aún no lo sabía– además incluiría varias réplicas. Skone ya estaba exhausto, lo había dado todo hoy, y lo más probable era que perdiera. Pero si perder era lo que se suponía que iba a pasar, él estaba dispuesto a hacer un trato. 

Mbaka anunció la batalla final. Skone escuchó el nombre de Jota y el suyo sonando por los altoparlantes, y se paró y caminó por la pasarela hasta el centro del círculo, y en el camino iba pensando: “Yo voy a perder, pero tú lo vas a pasar fatal”.

***

Este año, la organización tiene multados a todos los competidores: el contacto físico –ahora sí– será penalizado con descalificación directa. Un año después de la final internacional de Chile, el beso de Arkano a Dtoke se ha convertido en un antes y un después dentro del mundo de las batallas, generando un debate global sobre los límites a la hora de competir. En los tonos de voz, en el aire se puede sentir la electricidad de cuando nada puede salir mal. 

Es la edición en la que menos “colegueo” hay. Mezcla de leyendas y MVP’s, los 16 gallos de 12 países que compiten este año están acá para ganar. La mañana del día antes de la final, en la terraza de las oficinas de Red Bull en Perú, la organización ha pautado las entrevistas con los medios locales y extranjeros: una veintena de periodistas que han llegado de distintas partes atraídos por lo que llaman “el fenómeno de las batallas”.

Jota, a quien conocí en la internacional de Chile el año pasado, se sienta conmigo. Esta décima edición ya le ha dado un recuerdo para guardar para siempre: su cara está en todas las latas de una edición especial de Batalla de los Gallos. “Me sorprendió cuando mi cara salió en la lata de Red Bull”, dice Jota, encandilado con la idea de que su cara esté potencialmente en todos los hogares y tiendas del país. “Verme ahí fue histórico, histórico, histórico”, repite.

Nacido como Juan José Leyva Serrano, Jota, de 21 años, tiene un papel muy importante en esta edición: probar que Perú también puede formar parte de la elite del freestyle:  de habla hispana que integran España, Argentina, México y Chile. A diferencia de los anteriores campeones peruanos, es Jota quien ha mostrado tener talla de “internacional”. Es el más agresivo y determinado de los freestylers de su país. “Yo cambié el concepto que la gente tenía sobre el freestyle peruano”, dice, “de que era muy difícil que un freestyler peruano destaque”. 

De Trujillo, una ciudad 14 horas al norte de Lima, Jota no clasificaba nunca ni entre los mejores ocho de su región; dos años más tarde, es el mejor freestyler de la historia de Perú. En 2015 estuvo en la Final Internacional en Chile, donde perdió en Cuartos de Final, pero le ganó a Dtoke (un campeón internacional) en los emparejamientos, y durante 2016 tuvo un buen desempeño en el torneo God Level (llegó a semifinales) y volvió a ganar el título de BDLG en su país, convirtiéndose en el primer bicampeón de Perú. 

“La transmisión va a ser en vivo y el alcance va a ser superior al del año pasado. Se han sumado nuevos países, y va a haber más gente siguiendo la batalla por streaming”, dice, ilusionado con la dimensión del evento. Y cuando le pregunto qué quiere hacer mañana, no duda en responderme: “Ganar por mérito, ganar por punch, por ataques. Ganar bien”, repite otra vez. “Ganar, ganar. Eso quiero hacer.” 

Hoy el cielo parece apagado en Lima, pero para los peruanos este es un día hermoso: la selección de futbol, que llevaba 12 años sin ganar de visitante, venció anoche a Paraguay con un histórico 4-1 en la clasificatoria para el próximo Mundial de Rusia 2018, y el país entero está eufórico. Este dato va a ser decisivo mañana durante la batalla, cuando un público demasiado localista influya en la decisión de los jueces y el ánimo de los competidores. 

Jota no es justamente inocente sobre el poder de su condición de local. Cuando lo rodeo con el tema, después de evitarlo un poco dice: “Bueno, de verdad hay gente que puede ser un público muy difícil”. Hago silencio, y un momento después agrega: “Creo que (el público) va a ser una carta bajo la manga”.

En la terraza, los periodistas forman dos filas que serpentean por todo el lugar mientras esperan el turno para entrevistar a Arkano y Aczino, los únicos dos competidores en los que parecen interesados. Es normal: hace apenas dos semanas, Arkano batió un récord mundial Guinness después de rapear más de 24 horas seguidas (24 horas, 34 minutos, 27 segundos, para ser exactos) en la Puerta del Sol, en Madrid; y además es el campeón defensor. Aczino, que tiene una revancha pendiente con Arkano desde el año pasado, es la leyenda mexicana del freestyle que ha ganado todo: sólo le falta este título. 

Son lindas historias para contar pero, bastante fastidiados, algunos de los otros freestylers se han amotinado adentro de un gimnasio vidriado que hay en la terraza, viendo desde ahí toda la escena de Arkano, Aczino y la prensa haciendo fila, mientras se preguntan con cara de haber dormido poco para qué los hicieron venir a ellos también si nadie los va a entrevistar. Skone, el malagueño de 26 años que es el mayor entre los competidores, es el que parece estar más incómodo. 

Skone, que consiguió la nacional de España en su quinto intento, está convencido de que este es su año. En 2008, aunque la mayoría recuerda que fue humillado por Chester, Skone fue quien bajó al legendario freestyler venezolano MCKlopedia de la final española. En 2009, Skone perdió contra Arkano, que se convertiría en Campeón Nacional con sólo 15 años, pero antes sacó a Invert de competencia con una batalla histórica. Durante el parón de Batalla de los Gallos, entre 2009 y 2012, se impuso en otros torneos (Cultura Urbana 2010 frente a Chuty, por ejemplo) y, cuando BDLG volvió con su legendaria final internacional en 2013, prefirió no apuntarse. Pero en 2014 estaba ahí otra vez. 

Ese año, en las regionales de España destrozó a Jonko, Juanih y BTA; los pasó por arriba con una exhibición de experiencia paralizante, y entró fácil a la Nacional, donde sacó a Blon. En semifinales cayó frente a Invert, que fue Campeón Internacional ese año, y en 2015 llegó como el “superfavorito” a hacer suyo el título, pero le ganó una batalla polémica a Barón y, tras cruzarse a Ante, terminó yéndose a casa en segunda ronda. 

“A ver, sinceramente, esto de que yo haya tardado tantos años ha sido culpa mía”, dice Skone, sentado en un banco plano del gimnasio, alejado de los demás. Recuerda el momento en el que, después de caer en 2015 y de pasar un año de bajón anímico, con el autoestima por el suelo y pocas ofertas de batallas en el circuito, finalmente entendió: siempre se había tomado esto como un juego, pero estaba trabajando, no jugando, y ahora tenía claro que un mal día en el mundo de las batallas podía condenarlo a una temporada sin trabajo. 

Y el trabajo es lo que está en juego. Cuando venía en el avión camino a Lima, Skone venía charlando con Arkano, que le decía: “Tío, concéntrate, porque como lo hagas mal…” Skone lo tiene claro ahora. “Si me coge Arkano y me da una paliza, yo no puedo hacer nada, ¿sabes?”, dice. “Pero si yo pierdo porque lo hago mal, no me lo voy a perdonar nunca.” 

 

Lee aquí el capítulo 2: "Skone" 

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